ValenciaEl otro día me volvió a pasar. Me dejé caer una tarde de domingo por una sala de cine con la esperanza de arañar el tiempo hasta la hora de cenar y como la ciudad estaba congelada y no encontré buena compañía para ir a un café me fui a ver un estreno.
Llegué 15 minutos antes de que comenzara la proyección y me entretuve enviando un par de mensajes con el móvil y viendo las fotos que hice el otro día. Ya ni recuerdo como se podía tener vida social sin este maravilloso invento que sirve casi siempre para que te llame quien no quieres y no te conteste a tiempo quien esperas que lo haga.
El caso es que poco a poco el enemigo me fue rodeando hasta sitiarme e impedir que me batiera en retirada. Me apetecía ver la peli y se estaba mejor que en la calle así que me resigné a ignorar al ejército invasor para ver si así me daban por muerto.
Pero el enemigo está hoy en día muy bien preparado. Su intendencia es realmente impresionante y su tenacidad sólo al alcance de los más grandes de la Historia. Los infravaloré, y no es la primera vez que lo hago, así que mi derrota fue total y tuve que aguantarme con poner esa pose tan digna que emplean los derrotados que se aguantan las ganas de irse a casa a hacer ‘lo-que-sea’ en cuanto les dejen.
Que sigan sorbiendo supercocacolas y masticando palomitas con la bocaza abierta y comentando todo lo que ocurre... Cuanto más voy al cine, más quiero a mi dvd.

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