NOTAS (.que sosis unos): ((Este es un relato abierto a todos quienes quieran añadir más capítulos a la historia. basta con que pinchéis en los comentarios de abajo y añadáis unas líneas más a la historia))Prólogo
"Coño, pues no me ha quedado nada mal"
Leonardo Da Vinci
"Coño, pues no me ha quedado nada mal"
Leonardo Da Vinci
Los responsables del Louvre de Budapest no podían creérselo. Después de cinco años de duras negociaciones con su alma mater francesa habían conseguido llevar el tesora más preciado del museo a Hungría y la habían cagado. Por si fuera poco, además de la verguenza a la que serían sometidos por el resto del gremio museístico mundial, la humanidad nunca les perdonaría. ¿Qué había fallado? Contaban con los mejores restauradores, las más avezados expertos en obras de arte, las más importantes medidas de seguridad que hacían que el Mosab pareciera un club de poesía, habían prejubilado y dado vacaciones a los trabajadores más ineptos del museo, incluso se llevaron de crucero por la ribera maya a los políticos más importantes del país para evitar que acudieran a la entrega del cuadro. Pero 80 millones de euros después de un dispositivo ultramoderno de supervigilancia activa y pasiva la habían cagado como nunca.
Nadie había sospechado que una ola de calor en diciembre en Budapest iba a desencadenar una reacción química del tungsteno en el que iba pintada la Gioconda de Da Vinci. Tampoco vaticinaron que el calor atraería a una polilla africana que sentía adoración por lo viejo y había decidido adoptar el Louvre hungaro como su nuevo hogar. Y para colmo el ácido de la insignificante criatura había desgastado la capa de esmalte del cuadro dejando al descubierto la verdadera, y original, y sorprendente, imagen de la Mula Lisa. El verdadero cuadro pintado por da Vinci.
El mundo de la cultura ya nunca sería el mismo. ¿Qué intenciones tuvo el genio italiano al pintar una cabeza de mula sobre un cuerpo de mujer? ¿Quién decidió añadir la cara de una mujer sobre la del vuadúpedo? ¿Qué sería de tres siglos de teorías conspiratorias y ocultistas arraigadas en la cultura popular? Pero sobretodo, ¿quién iba a atreverse a devolver la pintura a París?
Sólo había un experto en el mundo capaz de dar respuestas a este problema diplomático y universal. Pero eligieron a Han Green.

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