
Valentino Rossi es un auténtico gato. Por sus reflejos y por su capacidad para caer de pie. No siempre se trata de una cualidad que literalmente le permia evitar el daño físico que poroduce un impacto a alta velocidad. Sólo hay que recordar que arregló con la Hacienda italiana el pago de 35 millones de euros a finales de 2007 por una evasión de impuestos no declaradados en Italia al residir en Inglaterra. Y lo hizo tranquilamente para concentrarse en una nueva temporada de MotoGP.
Mi admiración por The Doctor se debe a ambos hechos. Por una parte yo soy proclive a las caídas, -y recaídas-, de todo tipo. Este 2008 lo comencé cayéndome al suelo y perdiendo el sentido. Bueno el escaso sentido que tenía. Ésta vez no fue culpa mia ya que un chaval de 21 años se había saltado un smáforo y se me llevó por delante partiendo mi moto por la mitad. Afortunadamente sólo sufrí unas molestas contusiones y uncorte en la cabeza. Pero nada grave. Mis problemas económicos son de menores dimensiones quelas de Rossi pero en sentido contrario. Parece que últimamente nadie quiere saldar sus cuentas conmigo a pesar de que reconocen que me deben dinero. Estoy pesando en pasar una temporada ensicilia para aprender ciertas técnicas de negociación muy habituales por allí. De hecho, son tan corrientes en el sur de Italia que suelen utilizarlas hasta entre la propia familia.
El caso es que el sutil paralelismo entre el caso de Valentino y el mio me ha hecho gracia. Quien sabe. Quizá pensar en ello ha hecho que me parezca real.






